‘Los figurantes’: Delphine de Vigan retrata la melancolía de pertenecer al rebaño
La autora francesa hace su primera incursión en el teatro con una tragicomedia que sigue a un grupo de extras durante una jornada de rodaje y que funciona como metáfora de la vida en el rebaño
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 58. Dice Orso:
“Porque si te paras a pensarlo, grosso modo, todos hemos aterrizado en una historia que ya había empezado cuando llegamos y de la que van a echarnos antes de que termine…”
Por primera vez, Delphine de Vigan ha publicado una obra de teatro. La autora de ‘Nada se opone a la noche’ y ‘Las gratitudes’ acaba de publicar en castellano ‘Los figurantes’ (Anagrama), un libro que mezcla existencialismo y crítica social, una combinación de melancolía y comicidad, la crónica en clave teatral de una jornada de rodaje en la trastienda de los olvidados, los nadies, los anónimos entrañables. Los focos del rodaje iluminan, como siempre, a las estrellas, pero el que blande De Vigan los apunta a ellos. Afinadísima, la autora francesa exprime con inteligencia cada grieta de esa metáfora en la que, al menos por momentos, es difícil no verse reflejado.
(Foto: Cottonbro Studio vía Pexels).
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 88. Dice Bruno:
“No pido estar en primera línea, hace tiempo que entendí que no estoy hecho para eso”.
Hay una corriente existencial que atraviesa gran parte de la literatura francesa y Delphine de Vigan no es ajena a ella: de ‘El extranjero’ a ‘La náusea’ –los de cajón, los canónicos– hasta obras menos evidentes como ‘Sus hijos después de ellos’, la novela de Nicolas Mathieu que pasó sin pena ni gloria por España tras ganar el Goncourt hace unos años. La propia escritora lo dejó claro en una entrevista que concedió durante la promoción del libro en Francia: “Hay un fondo existencial y melancólico en la pieza”. Personajes atrapados, resignados, conscientes de su grisura social. Incomprendidos, pues saben que son claves en el engranaje, pero nadie parece reconocerlo. Los focos iluminan a otros. ¿Qué ocurre allá atrás mientras adelante las estrellas refulgen? ¿Qué se cocina en la retaguardia? Si uno presta atención podrá escuchar la piedra de Sísifo rodar una y otra vez, y al pobre hombre bajar la cuesta para recogerla, una y otra vez.
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 107. Dice el Superayudante:
“Ya sabes cómo son, necesitan hacerse ilusiones”.
Muy pronto, en esa estancia con aire a vestuario de gimnasio donde los figurantes esperan instrucciones –donde, en realidad, se dedican a esperar instrucciones– circula el rumor de que el director va a escoger a alguien para que haga “un papelito”. “¿¿¡¡Un PAPELITO!!? –exclama Bruno emocionado–. ¿Sabes lo que eso significa? ¡Un papelito son por lo menos cinco frases!”. Los pequeños anhelos de los nadies. La posibilidad del papelito va y viene a lo largo de la obra y secuestra la esperanza de los figurantes. El papelito, ese trasunto prosaico de la vana esperanza. La lotería que acariciamos al meter la mano en el bolsillo mientras decimos que esta vez sí, que esta vez ocurrirá. Porque, como dice el Superayudante, el rebaño siempre está necesitado de ilusiones.
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 91. Dice Nora:
“¿Que la vida es así? Ya lo sé… Pero ¿es acaso un motivo para quedarnos callados, con nuestros trajes de pega, mientras esperamos un golpe de suerte que nos saque del rebaño?”
De un tiempo para acá, las encuestas explican que el deseo de más de la mitad de los jóvenes españoles consiste en hacerse ‘influencers’. Los viejos sueños románticos del médico, el bombero, el aventurero o cualesquiera que fueran los anhelos tópicos de las generaciones pasadas han cedido el paso a eso, un ser humano que medra bajo –y gracias a– la luz de los focos: la más contemporánea y rápida senda para desmarcarse de la masa. ‘Los figurantes’ habla de eso: del rebaño o del pueblo. De la plomiza trastienda. El rebaño tiene mala reputación. La mayoría quiere marcharse.
(La escritora Delphine de Vigan. Foto: Francesca Mantovani - Éditions Gallimard).
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 108. Dice el Técnico:
“Los figurantes, se han puesto en el foco, cuando no tenían nada que hacer ahí”.
De vez en cuando, los figurantes dan un paso al frente y se dejan iluminar. Así ocurre en este libro. De hecho, De Vigan ha dicho que uno de los objetivos de su trabajo era “poner a los figurantes en primer plano”, bajo los focos. Pero la sentencia es tramposa: los figurantes siguen estando en segundo plano, atrás del todo, en su limbo gris, y es la cámara que empuña la autora mientras escribe la que va a su encuentro. En la trastienda hay humanidad, por descontado, pero sobre todo desencanto, y es para nombrarlo y describirlo que De Vigan se mete allí. Los quince minutos de fama que entronizó Andy Warhol como verdad pop: en efecto, uno tiene la sensación de que Orso, Cécile, Bruno, Joyce y Nora, los figurantes, no tendrán otra oportunidad.
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 56. Dice Nora:
“Es como el papeo. Si somos doscientos, entiendo que sea complicado, pero que nos den una bandeja de comida precocinada de mierda cuando somos quince, mientras los demás se ponen las botas tan campantes con platos recién hechos…”
El rebaño tiene conciencia de clase. Delphine de Vigan ha contado que antes de escribir la obra se hizo contratar como figurante, que entrevistó a varios figurantes profesionales y que en esas entrevistas advirtió enseguida un “sentimiento de lucha de clases”. Si sus figurantes se sienten maltratados es porque, en ese apartado, la vida real no se queda atrás. “El cine es muy jerárquico y los figurantes tienen con mucha frecuencia la sensación de ser la última rueda del carro”, ha dicho la autora. Atrás, en la retaguardia, la vida es así. Se podrán quejar de la “comida precocinada de mierda”, pero las quejas del rebaño no se atienden. Salvo, claro está, en época de elecciones.
‘Los figurantes’, Delphine de Vigan. Página 41. Dice Cécile:
“¿Sabes? A veces tengo la impresión de que todo es pasado. Como si las cosas interesantes, emocionantes de la vida hubiesen sucedido ya. Y que o bien me las perdí, o bien no les presté suficiente atención”.




