Ali Smith, Virginia Woolf y el concepto de habitación propia en el siglo XXI
La autora escocesa, pregonera de Sant Jordi, reinterpreta y amplía los horizontes del dogma 'woolfiano' a la luz de los desafíos de la actualidad en 'Una Woolf propia'
Uno. En octubre de 1928, Virginia Woolf pronunció dos conferencias en los colegios universitarios femeninos de Girton y Newnham, en Cambridge, en torno al tema de “las mujeres y la ficción”. Al año siguiente, en septiembre de 1929, publicó una versión ampliada de dichas conferencias bajo el título de ‘Una habitación propia’, volumen que se convertiría en el ensayo feminista más relevante del siglo XX y en un referente obligado, siempre pertinente, que ha extendido su influencia hasta nuestros días. En él, la autora de ‘La señora Dalloway’ y ‘Al faro’ reflexionaba con ironía y brillantez sobre la discriminación de género que durante siglos había mantenido a raya la creatividad de las mujeres: su trabajo intelectual en general y literario en particular. “¿Qué consecuencia tiene la pobreza en las obras de ficción? ¿Qué condiciones se necesitan para crear obras de arte?”, se preguntaba la autora británica en el libro. La respuesta: algo de dinero y una habitación propia, literal y metafóricamente hablando.
(La escritora escocesa Ali Smith. Foto: Sarah Wood).
Dos. Hace pocos años, al ver que se acercaba el centenario de aquellos hitos, el Festival Literario de Cambridge decidió poner en marcha el ciclo de conferencias Una Habitación Propia, cuyo objetivo era espolear la reflexión sobre la actualidad de los postulados de Woolf casi un siglo después. En concreto, y citando a la directora del festival, Cathy Moore, se trataba de ofrecer “una oportunidad a las escritoras más destacadas de nuestra época para cuestionar los avances que han logrado las mujeres desde 1928”, y, al mismo tiempo, reivindicar “la importancia que siguen teniendo los medios y el espacio para pensar y escribir”. La iniciativa surgió de una charla entre Moore, la profesora Gillian Beer y la escritora escocesa Ali Smith. Cuando el ciclo se puso en marcha, en 2023, la primera en subir al estrado fue Smith, que en el Clough Hall de Newnham leyó una ponencia pertinentemente titulada ‘Una Woolf propia’. Nórdica en castellano y Raig Verd en catalán la acaban de publicar en formato de libro.
Tres. Hay un mundo de brevedad, síntesis y belleza que habitan pequeños libros susceptibles de ser leídos en cuestión de media hora, artefactos minúsculos, los diminutos de la familia, dechados de estética a veces, de profundidad otras, a veces recipientes de ambos atributos. Libros como ‘Novela de ajedrez’, de Stefan Zweig, o ‘Carta al padre’, de Kafka. O ‘Jérôme Lindon’, sobre el célebre editor francés, de Jean Echenoz. O el magnífico ‘Esto es agua’ de David Foster Wallace. ‘Una Woolf propia’ forma parte de esa familia. La conferencia de Smith es una pequeña joya llena de guiños, juego y profundidad, lo cual ni es fácil de lograr en cuarenta páginas ni es ajeno a las características habituales de su prosa. Desde –literalmente– la primera palabra, la autora escocesa introduce al lector en un indiscutible territorio Woolf, un espacio de céspedes que las mujeres no pueden pisar, de ríos cuyos meandros inducen a meditar y de personajes imaginarios concebidos para hacer avanzar el pensamiento. Pero, sobre todo, un espacio de reflexión acerca del concepto de habitación propia: esa habitación para hacer vida intelectual que durante siglos le fue vetada a la mujer.
Cuatro. Los libros que escribe Ali Smith suelen ser etiquetados como “ficción experimental” –aunque ella misma se cuida mucho de definir su forma de escribir–. En otras palabras, hace parte de esos raros empeñados en explicar las cosas de otra forma. Su prosa es arriesgada y personal y se parece poco a lo que se encuentra hoy en día en librerías. Sus textos experimentan con el lenguaje, son pródigos en juegos de palabras, ricos en referencias intertextuales. Se puede decir que su escritura es una reflexión permanente sobre la escritura. Y encima, cuenta cosas. En la presentación del libro que tuvo lugar hace unos días en La Central, las traductoras de la escocesa al castellano, Magdalena Palmer, y al catalán, Dolors Udina, hablaron de lo difícil y a la vez gratificante que es traducirla. Nadie que la haya leído puede dudarlo. Las dos coincidieron en que ‘Una Woolf propia’ no es uno de los textos más desafiantes de Smith, y no por breve. Simplemente, en el mundo de Smith, es un texto sencillo.
Cinco. De la vigencia de ‘Una habitación propia’ pueden hablar todos los actores del mundo del libro, los editores que la siguen publicando, las librerías que la siguen vendiendo y los lectores que un siglo después la siguen leyendo. Según explican en algunas librerías, el ensayo de Woolf vuelve a estar “de moda”. En su libro, Smith no sólo subraya la vigencia de las conferencias woolfianas cien años después, sino que reinterpreta el concepto cuando escribe: “Habitación, sitio, son palabras que han adquirido más significado en nuestra época que en la de Woolf, y más aún en estos tiempos que corren”. O cuando escribe: “Vivimos un momento cuya retórica política, acentuada por la potente división del Brexit, se empeña en recalcar de la forma más teatral y brutal posible que para algunos seres humanos no hay sitio aquí”. O cuando, hablando de quienes cuestionan la noción fija de género, escribe: “Qué importante es ahora mismo, en un mundo tan impulsado por quienes dividen y quienes dominan, el espacio, la habitación que eso crea”. La habitación de nuestros días, nos dice Smith, sigue siendo woolfiana, pero a la vez trasciende lo woolfiano: es el lugar que se niega a millones de seres humanos para protestar o transgredir. O, simplemente, para ser.
Seis. Casi al cierre del texto, la autora escocesa recupera un pasaje de, según explica, “la única obra de Shakespeare existente que se sabe con un 99,9% de certeza que está escrita de su puño y letra”. “Se titula ‘Tomás Moro’”, continúa. “En ella, Moro habla a un grupo de gente enfurecida que exige con rabia que se expulse a quienes no son ingleses de su ciudad”. El fragmento habla del desprecio al forastero, y leerlo a estas alturas del siglo XXI es descorazonador porque han pasado todos los siglos que han pasado desde Shakespeare y todo sigue igual –y las hordas siguen vociferando contra el diferente–. “Así tratáis vosotros a los extranjeros / y así es vuestra oceánica falta de humanidad”, escribe Shakespeare al final del pasaje. El problema de la habitación, viene a decir Smith, es algo que ha atravesado durante siglos nuestra historia. O lo que es igual: tener una es algo que muchas personas nunca han podido dar por sentado.
Siete. Ali Smith oficiará este miércoles como pregonera de la versión 2026 de la fiesta de Sant Jordi. Se espera que la autora del ‘Cuarteto estacional’, ‘Fragua’ ‘La historia universal’ y ‘Biblioteca pública’, entre otras, reivindique “los servicios bibliotecarios como espacios de comunidad y lugares esenciales de libertad”, según reza la web de Biblioteques de Barcelona.
Ocho. Feliz Sant Jordi.



